Guijuelo -Salamanca- aporta
su privilegiado microclima y su artesanal tradición
al lento y paciente proceso de curación de
nuestros jamones.
Salazón, lavado, moldeado y perfilado. Eliminada
lentamente la humedad superficial y con el punto
de sal correcto, los jamones pasan a los secaderos
naturales, donde en penumbra “sudarán”
por la fusión progresiva de su grasa fibrilar.
Tras seis meses, como mínimo, pasan a las
bodegas para sufrir la última fase de curación
y afinamiento que finaliza a los treinta y seis
meses y ya en Posadas con la estabilización
de su grasa, consiguiéndose así un
manjar único y exquisito.